viernes, 12 de diciembre de 2014

Crueldad visiblemente errónea.

¿Cuántas oportunidades perdemos por culpa de la timidez?
¿Cuántas veces al día la vergüenza nos rodea como una cuerda presionando sobre nuestro interior?
¿Cuántas tormentas vivimos y cuántos cielos soleados perdimos por cobardía?
Día a día, minuto a minuto intentamos luchar contra algo que nos apodera, que nos remueve y nos aviva la caída que nos espera.
La timidez. Esa palabra que más de uno odia. Esa palabra que vive en ti desde siempre y no tiene intención de marcharse nunca. Esa palabra que ha decidido acompañarte en este camino. Esa palabra que nos arrebata miles de momentos y quien sabe si esos momentos quizás pudieran cambiarnos la vida a mejor. El temer que algo no te vaya a salir bien, que alguien no te responda como esperas o simplemente que no seas capaz de expresarte. Ese sentimiento que provoca un gran vacío dentro de ti al que arroja todos nuestros deseos tirando por la borda todas nuestras esperanzas de que, por mínimo que sea, podamos conseguir algo en esta vida. Ese "no puedo" constante que retumba y retumba en tu mente cual ruido atroz.
Justo cuando te decides a demostrar algo y sientes que dicha sensación ha desaparecido,cuando tus labios comienzan a amanecer elevándose para mostrar sus perspicaces ideas, aparece de la nada amortiguando cualquier respuesta, evitando poder exponernos. Y ahí aparece tu reflejo, ese que no ves y que todo el mundo capta. Ese reflejo que no refleja nada de ti, de tu personalidad, de tu ser, de tu interior.
Y a pesar de toda, y por gran desgracia, nunca llegas a conseguir tus sueños a pesar de perseguirlos como el mar a la arena.

No hay comentarios:

Publicar un comentario