domingo, 31 de agosto de 2014

Esta ruina.

La decaída existente por echar de menos a alguien no puede ser más horrorosa.
La angustia que recorre tu cuerpo de arriba a abajo, por cada carril de la gran montaña rusa de tu cuerpo, no se puede plasmar en un papel, ni siquiera se puede expresar con palabras, el vocabulario no lo permite, no lo ha creado, no deja sacar todo lo que quisieras explicar.
Tu interior se ha convertido en una ruina. En un paraje lleno de destrozos, de edificios derrumbados, de un estropicio de calles, de cielos no grises, ni negros, si no sin color. En un rincón arrinconado donde un huracán chapotea barro ennegrecido, esperanza podrida, e incluso gozo envenenado...
Se ha convertido en un lugar lleno de muchedumbres incalculables de deseo, necesidad, anhelo, y cómo no, lágrimas...
Nubosas preguntas nublan la razón y una cargada tormenta paraliza tus sentidos salvando al afán de querer ver a lo que te está comiendo por dentro.
Los ojos se cierran con brutal fuerza acompañando a tus delicados puños cubiertos de leves ramas azules verdosas que se engrosan de manera incontrolable produciendo unas bruscas manos que aspiran a golpear el espeso muro encontrado a escasos metros de ti.
Una terrible aglomeración de lamentadas lágrimas engrosadas caen en carrera por las frías y peligrosas curvas del rostro queriendo desaparecer y guiar al dolor, pero el dolor no se mueva, se queda quieto, ahí, dentro, donde nadie le ve, donde nadie le molesta, donde es feliz destrozando el centro de un ser.

jueves, 28 de agosto de 2014

Término medio.

¿Y qué pasa cuando la persona que creías que siempre estaría a tu lado se va?
¿Qué pasa cuando de repente te encuentras solo en un mundo lleno de gente?
¿Cuándo sientes dentro de ti un vacío inmenso incapaz de llenar?
¿Cuándo todo se desvanece en recuerdos lejanos?
Te pasas los días intentando que todo vaya perfecto y de la noche a la mañana todo ese esfuerzo aparece vencido sin saber ni tan siquiera un porqué.
Te invaden múltiples razones que intentan explicarte ese porqué pero ninguna te convence, simplemente todo se ha ido sin quererlo.
Y piensas, ¿qué hago yo ahora? Esa persona que te llenaba se ha ido, no sabes si para siempre o por un tiempo, pero sólo deseas que sea la segunda opción.
Dicen que nadie es tanto como para sentir que es tu vida, pero ese nadie no sabe lo que sientes cuando tienes a esa persona especial a tu lado. Cuando te saca una sonrisa en cada momento. Cuando ríes con sólo recordar lo que vivisteis el día anterior. Cuando cierras los ojos y sientes como unas manos cálidas te producen escalofríos y tus comisuras se elevan sin darte cuenta. Cuando una palabra suya se traduce a tu felicidad. Cuando presientes que te sobra el mundo entero si esa persona se encuentra a tu lado. Y que bonito todo cuando todo va bien...pero ¿y cuándo todo desaparece? ¿Cuándo todo pierde su color y tus ojos ese brillo especial que reflejaba la imagen de esa persona?
Todo y nada son palabras demasiado diferentes. Palabras que pueden hacer mucho daño pero que incluso el término medio hace aún más.
¿De novios a amigos? ¿De mejores amigos a simples amigos? Pasar de una cosa a otra duele, pero duele más si tienes que ver como alguien ocupa tu lugar y tú tienes que estar conviviendo con ese alguien como si no te importara. Y duele. Duele porque todo tu interior se remueve y tu mundo se coloca boca abajo. Porque esas mariposas que proporcionaban un cosquilleo se vuelven asesinas. Tus escalofríos se convierten en un frío helador sin unos brazos en lo que cobijarte. Tu sonrisa se da la vuelta y tu cabeza, tu condenada cabeza, no hace más que recordarte lo que has perdido. ¿Estás seguro de que quieres un término medio?

domingo, 17 de agosto de 2014

Hablemos de lo bonita que es la vida.

Nada más y nada menos que meses sin escribir, y aquí me hallo una vez más.
Una simple caída te puede arruinar las ganas de seguir con tu propósito de avanzar en el camino, y dar media vuelta a pesar de la inmensa capa de obstáculos que has tenido que superar.
Cuando empiezas a pensar, por fin, que lo que haces no está tan sumamente mal como pensabas, llega la terrible bajada que te pone los pelos de punta mientras sientes como tu corazón da un leve vuelco por la impresión que da la gran altura a la que habías logrado llegar y ahora te toca bajar. Y sí, un día estás en las nubes y al día siguiente, o en cuestión de segundos, no estás en el suelo, si no en el subsuelo. En lo más bajo que podías haber caído. Y entonces, a pesar del gran golpe, quieres seguir intentándolo. Quieres cumplir tu sueño, quieres intentarlo una vez más, o mil, las que se crucen por el camino. Pero ahí aparece la razón. Esa querida razón, a veces tan necesitada y a veces tan repulsiva, que no sólo te avisa, si no que te obliga a que esas pequeñas motas de polvo que quedaban de esperanza, hagas desaparecer, porque sabe que vas a volver a caer. Dejas pasar tu oportunidad, de nuevo, pero esas pequeñas e insignificantes motas de polvo cada vez se vuelven más y más grandes. Intentas ignorarlo hasta que un par de palabras vuelve a abrirte la puerta de la ilusión; tal y como si la vida te brindase una nueva oportunidad. Quieres evitarla ya que el fracaso abruma tu cabeza, mas las palabras siguen flotando ahí, en el aire, sin querer hacerse notar pero llamando demasiado la atención. Y sí, con tan solo unas palabras, he vuelto a comenzar a recorrer ese camino que un día dejé de lado.